JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo, 27 de marzo. – Lo que parecía una simple pausa en la producción agrícola se ha convertido en una amenaza directa a la identidad del campo morelense. El diagnóstico es contundente: los suelos destinados al cultivo de sandía presentan una infección que compromete su viabilidad.
Venancio Abán Mejía, presidente de la Junta Local de Sanidad Vegetal, explicó que el uso excesivo de agroquímicos generó una resistencia en los patógenos, provocando un fenómeno que productores ya identifican como un “supervirus”.
Ante este escenario, la recomendación técnica es clara: dejar descansar la tierra para que los ciclos naturales reduzcan la carga del patógeno. Sin embargo, esta medida representa un fuerte golpe económico para los campesinos.
“Es como una infección que se hizo resistente a todos los componentes que le aplicaron; tienen que dejar descansar el suelo para que la propia naturaleza ayude a disminuir esa resistencia”, explicó.
El problema va más allá de lo técnico. Suspender la siembra implica dejar de producir y, en muchos casos, renunciar temporalmente al principal sustento de las familias rurales.
Además, habilitar nuevas tierras de cultivo requiere inversiones que resultan inalcanzables para la mayoría de los productores, quienes enfrentan este panorama sin respaldo financiero suficiente.
Especialistas advierten que, de no implementarse apoyos y estrategias integrales, la producción intensiva de sandía en la región podría entrar en una fase terminal, marcando el fin de un ciclo agrícola que durante años sostuvo la economía local.
Un escenario que recuerda la caída del cultivo masivo de maíz, cuando el municipio perdió el título de “El Granero del Estado”, dejando una huella profunda en su historia productiva.