JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo, 6 de enero de 2026.— El aroma a leña quemada y pan recién horneado sostuvo durante ocho décadas una de las tradiciones más arraigadas del municipio; hoy, esa llama enfrenta su amenaza más severa: el olvido y el cambio en los hábitos de consumo de una sociedad que poco a poco se aleja de sus raíces.
La panadería La Pequeña, referente histórico de la panadería artesanal en José María Morelos, atraviesa uno de sus momentos más críticos. Su propietaria, Guadalupe Hernández Hernández, relata que incluso fechas que antes representaban un repunte significativo en ventas, como el Día de Reyes, hoy se han convertido en celebraciones que solo existen en redes sociales, pero no en la vida cotidiana.
Durante esta temporada emblemática para el gremio, la producción de la Rosca de Reyes sufrió un desplome histórico. “Antes horneábamos hasta mil 500 roscas; el año pasado fueron 600 y este año apenas logramos poco más de 350”, lamentó.
La caída —de casi 75 por ciento en solo dos años— no solo refleja un retroceso económico, sino el desgaste de una tradición cultural. Hernández Hernández señaló que prácticas como el corte de la rosca y las novenas en honor a los Reyes Magos han perdido fuerza entre las nuevas generaciones.
Pese a mantener precios accesibles para apoyar la economía local, el negocio enfrenta una competencia desigual. “No le estamos sacando realmente al material; lo importante es que el pan salga y no se quede”, expresó. A ello se suma el fenómeno de la “aspiracionalidad”: familias morelenses optan por viajar a Chetumal o Mérida para comprar productos industrializados en cadenas comerciales, sacrificando el sabor del horno de leña por el prestigio de una marca.
De continuar esta tendencia, el horno más antiguo del municipio podría apagarse definitivamente, llevándose consigo ocho décadas de historia viva, saberes heredados y una tradición que alguna vez fue el corazón del barrio.