La palabra ya no basta: herencias sin testamento desatan conflictos en José María Morelos

JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo, 02 de febrero. – En los tiempos en que José María Morelos aún era conocido como el Kilómetro 50, la palabra de un patriarca bastaba para definir el destino de una familia. Hoy, esa tradición se ha erosionado, dando paso a disputas legales donde los herederos se enfrentan sin miramientos y el patrimonio familiar se fragmenta entre juicios, abogados y resentimientos.

Así lo advierte Galo Tuyub y Chí, quien desde hace años recorre comunidades del municipio asesorando a familias en conflictos por bienes intestados. Su diagnóstico es claro: la llamada palabra de honor dejó de ser una solución y se convirtió en un problema legal.

“Antes, el papá decía a quién le dejaba la tierra, la casa o el solar, y todos lo respetaban, incluso las autoridades comunitarias”, recuerda.

Ese Morelos de acuerdos verbales y respeto incuestionable se desvanece. Hoy, la falta de un documento legal no es solo un descuido administrativo, sino el origen de conflictos familiares que escalan hasta los tribunales. De acuerdo con Tuyub y Chí, uno de los escenarios más frecuentes es el de padres que “dejan dicho” su patrimonio a un solo hijo, sin considerar que, legalmente, todos los descendientes tienen los mismos derechos si no existe un testamento.

El problema va más allá de la discusión familiar. Morir intestado, advierte, es condenar el patrimonio a una larga y costosa burocracia. Lo que se construyó con décadas de trabajo en el campo o en el hogar termina diluyéndose en trámites, honorarios legales y procesos judiciales que desgastan emocional y económicamente a las familias.

Ante este panorama, el líder agrarista hizo un llamado a crear conciencia sobre la importancia de formalizar las herencias mediante testamentos y documentos legales, con el objetivo de evitar disputas póstumas y preservar la armonía familiar.

En un contexto donde la palabra ya no tiene el peso de antes, el sello de un notario se ha convertido en la única garantía para que el patrimonio no termine siendo motivo de división, sino de certeza.

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