LÁZARO CÁRDENAS, Quintana Roo, 02 de febrero. – En las comunidades rurales del municipio de Lázaro Cárdenas aún se mantienen vivas las enseñanzas ancestrales sobre la siembra de la colicebolla, una práctica agrícola transmitida de generación en generación, que sigue vigente gracias al conocimiento tradicional de los pueblos mayas.
Miguel Poot Kinil, habitante de la comunidad de Esperanza, explicó que la colicebolla se siembra tradicionalmente durante el mes de enero, periodo en el que también se preparan las eras o el kanché, con el objetivo de garantizar una buena cosecha.
Relató que la siembra se realiza dos días después de la luna llena, momento conocido como káa muk. Cuando los bulbos están unidos de dos o tres, deben separarse para sembrarlos de uno en uno, manteniendo una distancia aproximada de 10 centímetros entre cada planta. La semilla se cuida durante cuatro meses, hasta la cosecha que se realiza en mayo.
Una vez recolectada, las cebollas de mayor tamaño se apartan para semilla, se amarran en manojos y se almacenan en recipientes elaborados con bejuco, conocidos como me’ét’e, para su conservación y siembra en el siguiente ciclo agrícola. El resto se destina al consumo familiar, ya sea frito, enterrado o incluso crudo.
Miguel Poot destacó que estas semillas se han conservado por más de 70 años, ya que las primeras fueron traídas por su madre desde Yucatán y desde entonces la familia las ha preservado cuidadosamente. Subrayó que es fundamental no olvidar las prácticas agrícolas tradicionales, las comidas antiguas y los dulces regionales, como parte de la identidad cultural.
Finalmente, señaló que también es importante conservar el conocimiento sobre la construcción de la casa maya, la milpa tradicional y otras costumbres, y transmitirlas a las nuevas generaciones como una herencia invaluable de las raíces indígenas.