JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo, 29 de junio. – El rescate de la milpa maya toma fuerza en la Península de Yucatán, donde cada vez más productores vuelven a técnicas ancestrales de cultivo que durante años parecían perderse con el paso del tiempo.
Desde Bolonchén, Campeche, Ricardo Guadalupe Canché Canché viajó a José María Morelos para compartir conocimientos sobre la milpa tradicional, un sistema agrícola cuya principal regla es la diversidad de cultivos.
El productor explicó que la milpa maya no se limita a la siembra de maíz, sino que integra otros alimentos como frijol y calabaza, los cuales ayudan a nutrir la tierra y fortalecer la producción.
“En la milpa se siembra lo que son los maíces criollos, se siembra lo que es el frijol, se siembra la calabaza, todo eso alimenta la tierra, por eso la milpa es el principio indispensable para la seguridad alimentaria de nuestros pueblos”, señaló.
Como guardián de semillas originarias, Ricardo compartió parte de la riqueza agrícola que conserva en su comunidad, entre ellas distintas variedades de maíz criollo y semillas tradicionales de calabaza.
Detalló que entre las semillas que utiliza se encuentran el maíz criollo Sak Tux, el maíz morado, el maíz rojo conocido como Chak Chok, el maíz amarillo Mejan Naal y la semilla de calabaza criolla conocida como pepita menuda.
Este conocimiento ancestral, explicó, permite conservar variedades nativas y mantener viva una forma de producción vinculada a la identidad, la alimentación y el cuidado del suelo.
Especialistas en agronomía han señalado que el éxito de la milpa maya radica precisamente en la combinación de cultivos, ya que al sembrar maíz junto con leguminosas y calabaza, la tierra se nutre de manera natural.
En un contexto donde la soberanía alimentaria cobra mayor importancia, productores de la región consideran necesario mirar nuevamente hacia los saberes del campo maya.
El rescate de estas prácticas permite reconocer que los antiguos mayas desarrollaron un conocimiento profundo sobre el equilibrio de la tierra, la diversidad de alimentos y la conservación de las semillas originarias.
Finalmente, productores señalaron que fortalecer la milpa tradicional no solo representa una alternativa agrícola, sino también una forma de proteger la cultura, la economía rural y la alimentación de las comunidades.

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