Apicultores de José María Morelos temen caída en la cosecha de miel por bajas temperaturas

JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo, 15 de enero. – Productores apícolas del municipio de José María Morelos mantienen la expectativa de que las condiciones climáticas se estabilicen en los próximos días, ya que de continuar las bajas temperaturas, la cosecha de miel, que tradicionalmente inicia en los primeros meses del año, podría verse seriamente afectada.

Así lo dio a conocer Mario Rodolfo Ucán Chan, subdelegado municipal de la comunidad de Pedro Moreno, quien explicó que, aunque al cierre de diciembre se registró una floración abundante, el frío intenso ha limitado la actividad de las abejas.

El productor señaló que las bajas temperaturas impiden que las abejas salgan de las colmenas con normalidad para recolectar néctar, lo que provoca que las reservas internas sean consumidas por las propias colonias, reduciendo la posibilidad de una cosecha comercial.

Indicó que, de mantenerse el clima frío, la producción sería mínima o nula, a pesar de que el entorno natural presenta condiciones favorables en cuanto a floración, particularmente en zonas de monte y áreas conocidas como quemadales.

A la problemática climática se suma la incertidumbre en los precios de comercialización. Los apicultores señalaron que hasta el momento no existen referencias claras sobre el comportamiento del mercado para esta temporada, aunque mantienen la esperanza de obtener mejores precios, luego de que 2025 fuera considerado uno de los peores años para la venta de miel.

Pese a este panorama, los productores destacaron que las familias de abejas se mantienen fuertes, y que en la región de Pedro Moreno no se ha registrado un fenómeno significativo de emigración, como ha ocurrido en otros ciclos productivos.

Finalmente, los apicultores subrayaron que la infraestructura biológica está en condiciones óptimas y que el resultado de la temporada dependerá principalmente de que las temperaturas se eleven en las próximas semanas, ya que de esta actividad dependen cientos de familias que mantienen viva una de las prácticas productivas más antiguas de la región.

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