CANCÚN, Quintana Roo, 01 de febrero de 2026.- Los asaltos y robos que se registran de manera constante en distintas regiones de Cancún, particularmente en el fraccionamiento Villas Otoch, en sus dos etapas, exhiben una realidad que ya no puede considerarse aislada ni circunstancial. La reiteración de estos delitos evidencia un problema estructural que impacta directamente en la vida cotidiana de comerciantes y vecinos.
Tiendas de conveniencia y abarroteras se han convertido en blancos recurrentes de presuntos delincuentes que actúan con violencia, rapidez y aparente impunidad. El patrón se repite: ingresan, amenazan, toman efectivo y mercancía, y huyen en cuestión de minutos, casi siempre a bordo de motocicletas, un medio que les permite escapar sin mayores obstáculos.
Resulta particularmente preocupante que muchos de estos atracos ocurran en zonas con cámaras de videovigilancia, sin que ello represente un factor disuasivo. Lejos de inhibir el delito, la presencia de estos dispositivos no parece tener impacto real, lo que incrementa la percepción de vulnerabilidad entre la población.
La reiterada fuga de los responsables sin consecuencias visibles refuerza la sensación de que estas áreas carecen de vigilancia efectiva. La escasa presencia policial, la falta de patrullajes constantes y la facilidad con la que los delincuentes se desplazan por calles y fraccionamientos alimentan una percepción de impunidad que se extiende más allá de Villas Otoch.
Mientras los robos se acumulan, comerciantes y vecinos siguen expuestos a una dinámica delictiva que ya forma parte de la rutina diaria. La normalización de estos hechos no solo genera pérdidas económicas, sino un deterioro profundo en la percepción de seguridad, convirtiendo a Villas Otoch y zonas cercanas en el reflejo de un problema que Cancún no ha logrado contener y que exige acciones reales, visibles y sostenidas, más allá de discursos y operativos esporádicos.

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